Historia de dos amores

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Tomado de un suceso que nos fue relatado a mi novia y a mí, quien también ha sucumbido a está apasionante práctica

En una de las zonas más céntricas de la segunda ciudad en importancia del estado de Hidalgo, fue donde nuestros padres adquirieron una casona grande y vieja la cual fueron remodelando con grandes sacrificios, al no contar con suficiente dinero, todo lo que ganaban lo obtenían de una modesta tienda de abarrotes que fue de donde sobrevivíamos todos.

Manuel Martínez, nuestro padre un hombre duro, exigente y de pocas pulgas, tenía fuertes sospechas de que algo escondido había en la casa, de modo que no pidió ayuda para hacer una excavación y levantar por sí solo un cuarto en donde la intuición de nuestra madre le señalaba, Margarita Hernández, nuestra madre una mujer fuerte y totalmente sumisa a su voluntad estaba con él cuando hicieron un hallazgo importante pues en la parte posterior de la casa, enterrados, encontraron varios jarrones llenos con monedas de oro, así de este modo creyeron que la economía familiar, había quedado resuelta, no les duro el gusto pues murieron al poco tiempo víctimas de una extraña enfermedad. Ernestina una hermana de mamá que había llegado pocos meses antes se quedo para ayudarnos a aliviar la pena. Nos contó luego de algunos meses de haber sido enterrados que lo mismo les sucedió a unas personas en Saltillo, pues según le habían contado, al desenterrar un tesoro, los vapores que emiten algunos metales, son fatales ¿será?, lo único cierto para nosotros fue que ellos murieron al poco tiempo.

José Enrique nuestro hermano, al morir ellos contaba con 21 años de edad y se hacía cargo junto con nuestra hermana Consuelo de 19 años de atender los clientes, y yo de 18 de los quehaceres de la casa.

Aconsejados por la tía Ernestina acordamos que nadie debía enterarse del encuentro pues se despertaría la codicia de muchos, y aún a pesar de la riqueza de que ya gozábamos, continuamos con la misma rutina diaria, salvo que se fueron vendiendo algunas monedas para poder subsistir con más holgura. Ninguno de nosotros mostraba interés por ese dinero.

Al poco tiempo de irse la tía Ernestina con su familia, José Enrique se hizo cargo de nosotras y de la casa, yo tenía que continuar con los menesteres de la casa, aunque ayudada por un matrimonio que se hacía cargo del aseo diario y de la ropa, mientras que a mi me correspondía parte de la cocina y los alimentos. La educación y las reglas que había impuesto nuestro padre eran implacables para todos nosotros y Enrique de carácter recio al igual que él, continuó con el mismo patrón, agregado que además era demasiado celoso y no quería que ningún hombre se nos acercara. Y continuó con las mismas reglas estrictas; teníamos prohibido salir con muchachos o de que alguien nos cortejara so pena de recibir fuertes azotes, claro, esa había sido la norma de nuestro padre así que eso de los azotes quedó en el olvido, sin embargo la prohibición seguía permaneciendo. Eso continuó amargándonos la existencia, ya que solo podíamos contar con la amistad de algunas amigas.

Nuestra madre había sido increíblemente hermosa y nuestro padre había gozado de buen porte y parecido, por consiguiente todos salimos a ellos, con los meses aquella casona fue cambiando su aspecto en la parte interior, pues por fuera mantenía el mismo portón viejo en cuya entrada se situaban varios macetones adornados con plantas de ornato que tanto le gustaban a mamá, dos jardines centrales alrededor de los cuales se ubicaban las piezas; una sala amplía a un lado de la cual se encuentra la cocina de mobiliario rústico, enseguida otro cuarto con el comedor y a un lado de este un baño con una tina vieja y grande, seguida por la recámara de Consuelo, y a un lado de ella la mía. En el jardín contiguo varios cuartos en uno de los cuales se ubicaba la recámara de nuestros padres, y la de Enrique, una biblioteca, dos recámaras más y otro baño.

Al principio mi hermana y yo le suplicábamos a nuestro hermano que nos permitiera salir con muchachos, pero su actitud fue determinante, y un “no” rotundo fue su respuesta.

  • Enrique, si no nos dejas salir ¿cómo vamos a conocer a alguien con quien podamos compartir nuestras vidas?
  • Ya se los dije, no es el momento adecuado aún.
  • ¿Y cuando puede serlo?, tengo ya 18 y Consuelo 19, y aún no sabemos lo que es tener un novio.
  • Los novios les quitan el tiempo, mejor pónganse a estudiar algo que les sirva, ya se los dije y no van a hacer lo que se les pegue en gana mientras yo este al frente de esta casa.

Enrique espantaba a cualquier pretendiente que osara acercarse y preguntar por nosotras, a más de uno corrió y poco falto para que se liara en golpes con alguno de ellos.

Fue el primer altercado que tuvimos con Enrique, dadas las condiciones, yo estaba dispuesta a irme de la casa, pero Consuelo me convenció de no hacerlo.

  • ¿A dónde crees que podamos ir, Soledad?
  • No sé, pero no estoy dispuesta a aguantar a Enrique si continúa comportándose así.
  • Pensémoslo bien, nuestro hermano no es malo, sólo quiere protegernos al igual que lo hacía papá, pero estoy segura de que podemos hacer que cambie.
  • Yo necesito alguien a quien amar, con quien compartir mi vida, ¿comprendes?
  • Te entiendo Soledad, démosle la oportunidad de cambiar.
  • Por ti me aguanto, pero si persiste con su actitud intolerante yo me largo.
  • Démosle tres meses y si no cambia, yo también me salgo contigo, te lo prometo –apretó mis manos con las suyas- platique con mis amigas y ellas me sugirieron un plan que no puede fallar, pero necesitamos no echarnos para atrás. Si quieres luego te lo cuento.
  • Si porque Enrique me ha dejado chillando de rabia.

No obstante de nuestro mismo comportamiento resignado las cosas seguían igual, yo ya no insistía en querer salir con algún muchacho, eso hizo que Enrique tratara de comportarse más comprensivo con nosotras y me dedique a los quehaceres de manera sumisa, lo cual no va con nuestro modo de ser.

Pero la cosa no parecía ser muy pareja ya que a nuestro hermano también lo buscaba alguna que otra rogona. Así fue que un día sin decirnos nada salió de la casa para regresar a medianoche, ya mi hermana y yo lo esperábamos muy molestas.

  • ¡Así que tú si tienes derecho a salir!
  • Yo soy hombre y tengo necesidades.
  • ¡Y nosotras por ser mujeres no tenemos, supongo!, vamos no te queda esa actitud de macho.
  • ¿Qué les falta?, aquí tienen todo, ¿de que se quejan?
  • Te vimos con esa tipa que te acosa, ¿Qué tiene ella de especial que si la dejen salir de su casa y nosotras no podamos hacerlo de la nuestra?, ¿Te acostaste con ella?
  • Me están faltando al respeto, eso no se los permito.
  • Tú nos celas a las dos, ¿crees que no sentimos lo mismo de que andes con una cualquiera?
  • No es una cualquiera y aquí termina nuestra conversación, así que buenas noches.
  • ¡Sí es una cualquiera y te revuelcas con ella! –le dije enojada.

Enrique se acercó y sin mediar palabra me dio una bofetada que me hizo irrumpir en llanto.

  • Eres un verdadero bruto, un animal ¡eso es lo que eres!
  • ¡Perdóname no quise hacerlo!, ya ves me haces ofuscarme.

Era tanto mi coraje que le devolví la bofetada sin que se inmutara. Me sentí mal al ver su rostro marcado con mi mano. Pero ya no hizo más y dándose la vuelta se dirigió a su recámara.

Esa misma noche estaba a punto de acostarme, pero no resistí el enojo y me pasé a la recamará de mi hermana porque la sangre me hervía de coraje y quería desquitarme de alguna forma de él.

  • Es un bruto, es lo que es nuestro hermano, no entiende nada, mira que pegarme.
  • Pasa hermanita, veo que estás muy molesta y yo también lo estoy, pero aquí tengo la solución a nuestro problema.
  • ¿Qué es?
  • No es lo mismo, pero deja y te cuento que Ernestina y Laura mis grandes amigas, peleaban constantemente con su hermano, entonces idearon un plan y ahora él es un corderito que está al tanto de lo que le piden.
  • ¡Vaya!, no entiendo como pudo haber cambiado Felipe, si la última vez que fui a su casa hasta la sartén estuvieron a punto de aventarse.
  • Ya ves, ahora está irreconocible, a mi también me sorprendió que me saludara tan cortésmente como nunca lo había hecho. Espérate a mañana que se te baje bien el coraje y te lo digo.

Apenas si pude conciliar el sueño, cuando me levanté Enrique me estaba esperando afuera de mi recámara, tenía los ojos hinchados, al parecer tampoco había podido dormir. Me abrazó, casi nunca nos habíamos abrazado excepto en fechas muy especiales como en mi cumpleaños, navidad y año nuevo.

  • ¡Quiero que me perdones!, reconozco que he sido un tonto con ustedes, y que queriendo protegerlas lo único que estoy logrando es que me odien, pero es que no resisto que nadie se les acerque, siento unos celos tremendos de que alguien pudiera quitármelas.
  • Nadie podrá quitarte a tus hermanas, siempre estaremos unidos –me acerqué a él y le di un beso en la mejilla- perdóname a mi también, hermano, yo y mi hermana también nos pusimos celosas de que salieras con esa mujer.
  • ¡No hubo nada!, se los juro, no me interesa andar con ninguna mujer en lo absoluto, solo quería platicar con alguien y distraerme, ahora las entiendo y entiendo que estén de malas por estar aquí todo el tiempo.
  • ¡Bueno!, no hablemos más de eso y por hacer las paces.

No podía creerlo, mi hermano pidiéndome perdón, el estricto e implacable José Enrique se comportaba como nunca lo había hecho, sentí gran ternura por él y le preparé los chilaquiles que tanto le gustan como símbolo del cariño que ahora me hacía sentir por él, no cabe duda que puede más una gota de miel que un tarro de hiel. También le pidió perdón a Consuelo y las dos estábamos realmente maravilladas de ese cambio, sin embargo, eso no fue suficiente para que las reglas cambiaran, aunque se portaba con más suavidad, continuaba siendo igual de exigente, aunque ahora estábamos convencidas de que con algo de inteligencia ya no se veía tan remota la posibilidad de que aceptara que tuviéramos algún amigo y ¿por qué no?, tal vez con más tiempo hasta que tuviéramos novio.

Por la noche fui a la recámara de Consuelo y lo que dijo me dejó paralizada de pies a cabeza.

  • ¡Pasa te estaba esperando!, ¿No te pareció increíble el gesto de Enrique?
  • Sí me costó una cachetada, pero creo que valió la pena, sin embargo, no basta para que cambie de opinión con respecto a que nos deje tener algún pretendiente.
  • Así son los hombres, hay que saber entenderlos, además por lo que te dijo sobre eso de que no le interesan las mujeres, no lo creo, es más pienso que le está sucediendo lo mismo que a Felipe con sus hermanas, no en balde también era muy celoso con ellas.
  • Bueno ¿y eso que tiene que ver con lo que me tenías que decir?
  • Es un poco fuerte, pero si tú aceptas yo también estoy dispuesta con tal de tener un cambio en nuestras vidas.
  • Ernestina y Laura lo hicieron y les resultó de maravilla, les pedí que me trajeran el remedio y aquí lo tengo, pero no te vayas a espantar.
  • ¡Me tomaré cualquier cosa que me des con tal de poder salir de está casa y no permanecer encerrada!
  • No estamos tan encerradas, podemos tener amigas, aunque no , además no es algo que se tome, se trata de algo más especial.
  • ¿Qué es? me tienes en ascuas
  • Bueno, te lo voy a mostrar pero no te espantes, por favor, pero antes déjame hablar de los resultados que ellas tuvieron con Felipe.
  • ¡Ah, sí!, me decías que ahora es otro.
  • Luego de hacer esto que te voy a enseñar, Felipe tuvo un cambio radical con ellas, al punto que…
  • ¡Mejor no me digas más y enséñame ya!

Consuelo sacó una revista que guardaba bajo la cama, en la que se apreciaban las fotos de dos mujeres desnudas haciéndose cosas entre ellas.

  • ¡Qué asco!, ¿qué tiene esto que ver con el cambio que tuvo Felipe?
  • Que esto que te estoy mostrando es lo que hicieron ellas para provocar ese cambio en Felipe, ahora te muestro lo que encargué.
  • ¿Cómo dices? ¿Laura y Ernestina hicieron esto también?, ¡No te lo puedo creer!, ellas dos son hermanas y si lo hacen se llama incesto y aunque no fueran hermanas, seguiría siendo una cochinada.
  • ¡Te dije que se trataba de algo fuerte y que yo estaba dispuesta a probarlo si tú también lo estabas!, piensa en que después de eso seremos libres para poder andar con nuestros novios de la mano. No pienses por ahora en lo que nos va a costar.
  • Pero si entre ellas hacen eso que es un vil incesto, quieres decir que ¿también lo hacen con Felipe?
  • ¡Ajá!, eso están haciendo entre los tres, pero primero tuvieron que ponerse de acuerdo entre ellas.
  • ¡No te lo puedo creer!
  • No debe ser tan malo después de todo, si lo miras con s ojos.
  • ¿Tú lo ves con s ojos?
  • Por lo que me cuentan ellas no es nada desagradable y si muy excitante.
  • ¿Quieres decir que si acepto me besarías como esas mujeres lo hacen en la revista que tienes?
  • Te digo que no lo pienses mucho, ellas ya pasaron por eso y están más unidas que nunca.
  • No entiendo el plan, dices que me besarías y eso que tiene que ver con Enrique.
  • El debe vernos, pero desnudas para que logre excitarse.
  • Pero cómo puedes saber si nosotras le interesamos para otras cosas.
  • ¿Es que no te has percatado como nos mira cuando nos volteamos?, a Enrique le atraemos las dos y demasiado, ¿no te habías dado cuenta, querida hermana? Le gusta verte cuando te agachas para exprimir el trapeador y se queda anonadado viendo tus senos.
  • ¡No lo puedo creer de mi hermano, entonces también es un sucio!
  • Por favor, a mi me espía cuando me subo la escalerilla para alcanzar algo de los anaqueles y lo he visto mirándome las nalgas, por eso son sus celos, nos mira de otra forma, no propiamente de hermano, sino de hombre.
  • Entonces crees que si nos besamos tú y yo… ¿Qué es eso que encargaste?

Consuelo sacó una caja de debajo de su almohada, contenía un cilindro de plástico, semejando el pene de un hombre, pero con dos extremos.

  • ¿Por qué tiene dos cabezas?
  • Mira las siguientes páginas de la revista para que te des cuenta

Las mujeres ahora aparecían introduciéndose un aparato igual al que tenía en mis manos, el color se subió a mi cara, hacía calor, no quería ver más porque sentía cosas extrañas que nunca había experimentado, Consuelo se acercó a mí y pude percibir el aroma de su perfume, al acercarse más sus pechos rozaron con plenitud mi brazo y no sentí rechazo por sentirlos ahí, aunque si un ligero temblor en mi cuerpo.

  • Laura y Ernestina lo hacen, entonces el asunto es que con eso provocan a Felipe ¿verdad?
  • Sí lo mismo haríamos nosotras con Enrique.
  • ¿Acostarme con mi propia hermana?, ¿cometer incesto contigo y luego tú y yo con él?
  • A los hombres les gusta ver a dos mujeres juntas, y al parecer eso del incesto contiene una carga erótica aún más grande de la que te puedas imaginar, según me aseguran Ernestina y Laura.
  • Eso tendría un costo demasiado, Consuelo.
  • Para mí también, pero si realmente queremos un cambio debemos hacerlo.
  • ¿Y cómo empezaríamos en caso de empezar?
  • Primero tú y yo y luego hacer un plan para que Enrique nos descubriera, luego lo demás vas a ver que se da por si solo.
  • ¿Y tú crees que Enrique sea capaz de…?
  • Ya te lo dije, ¿Por qué crees que sienta celos por nosotras?
  • ¡No podría hacerlo! no con Enrique, tal vez contigo sí porque nos llevamos muy bien y siempre has sido muy linda conmigo.
  • Yo también te quiero mucho y creo que por lo mismo no sería tan difícil el besarte en la boca

Me miró a los ojos y sentí una punzada muy especial en mi vientre, lo cual me asusto.

  • aunque ese no es el punto ya que por otra parte acuérdate que si nosotras también nos comportamos celosas con él es porque nos interesa aunque no lo aceptemos concientemente, lo mismo les sucedía a mis amigas con su hermano.

Sentí como sus pechos se apoyaban más contra mi brazo, ¡Oh, Dios mió!, ¿Qué me estaba pasando?, me estaba gustando la proximidad de mi hermana y no hacía nada por separarme, ella continuó

  • Tú misma me dijiste que te había gustado que te abrazara ahora que te pidió perdón, No digas nada ahora, sólo piénsalo y asimílalo así como yo lo he hecho para atreverme a proponértelo.
  • ¡No se por qué siento bonito que me digas que me besarías en la boca!, -¡Me asusté de mí misma al decírselo!- Tienes bonitos labios, creo que no me desagradaría…

Consuelo apretó sus pechos más contra mi brazo sin dejar de verme a los ojos, algo muy extraño me sacudió desde muy dentro que me hizo sostenerle la mirada. Los ojos de Consuelo emitían suaves destellos que embriagaban mis pensamientos.

  • A mí también me gusta mucho tu boca, y créeme que me encantaría besarla ahora mismo.

No dijo más. Las dos acercamos nuestros rostros como hipnotizadas, tomó mi mano y entrelazo sus dedos con los míos apretándolos con suavidad. Abrió tenuemente sus labios y los humedeció con la punta de su lengua vi sus dientes blancos y relucientes y percibí el aliento dulce de su boca, que desprendía un suave olor a cereza, por efecto de la pastilla que minutos antes había extraído de su bolsa y que también me había compartido. Instintivamente también humedecí mis labios con saliva y sentí una descarga que cimbró mis sentidos cuando su boca y la mía hicieron contacto. Nuestro beso duró el tiempo suficiente para poder darme cuenta que era tan hermoso que escuche un tintineo celestial dentro de mi cabeza.

Luego de aquel beso que debe haber durado casi un minuto nos quedamos viendo durante largo rato sin despegar nuestras manos.

  • Tienes una boca hermosa y besas muy rico, ¿Cómo aprendiste a hacerlo?
  • Nunca he besado a alguien, no sé.
  • Yo tampoco había besado a alguien y contigo fue hermoso.
  • Me voy, no sé que me pasa, pero me ha gustado mucho.
  • ¡Qué descanses!
  • ¡Tú también, Consuelo!
  • ¡Qué sueñes conmigo! –sus ojos volvían a emitir destellos de luces.
  • ¡Creo que lo haré!

En la oscuridad de la noche mi cuerpo daba vueltas pensando en aquel beso me había volado la cabeza e imagine a las amigas de mi hermana haciendo lo mismo, debían disfrutar mucho el besarse en la boca y más aún si hacían todo en la forma que me había platicado mi hermana. Luego trate de imaginarme una escena donde mi hermana y yo estuviéramos desnudas besándonos. Eso provoco que mi cuerpo temblara casi sin control. Descubrí que mi mente no rechazaba ya esa idea, sin embargo, el sueño me fue venciendo, aunque debe haber quedado impregnado ese primer beso en mi subconsciente pues me veía abrazando a Consuelo estando las dos desnudas, su boca se abría para besarme y desperté sudando copiosamente, sin embargo, algo más extraño me había sucedido pues sentía que por mis piernas me escurría algo mojado, quise imaginarme como serían en realidad aquellos encuentros amorosos entre Laura y su hermana Ernestina, algo dentro de mí me hacía pensar que si ellas lo hacían además de hacer partícipe de eso a su hermano Felipe, debieron haber tenido un comienzo, tal vez al principio habían rechazado al igual que yo la idea, eso pudo haber sido muy posible. Pero algo más me estaba sucediendo porque algo dentro de mí me sugería acariciar mi vagina, y al hacerlo empecé a sentir dentro de mi vulva una hermosa sensibilidad al contactarla con mis dedos.

Al día siguiente Consuelo me insistía en que la volviera a ver en su recámara, fui pero yo no quería que hubiera otro beso de momento, aunque estoy segura de que ella al igual que yo lo deseábamos. Hacía demasiado calor así que luego de ponerme mi atuendo, ni siquiera repare en lo que había elegido para dormir. Toqué a su recámara y abrí la puerta. Consuelo me esperaba y parecía nerviosa luego de verme entrar yo también lo estaba. Me senté a un lado de ella y le dije lo que había pensado, ella también estuvo de acuerdo, yo esperaba que se recargara en mi brazo como lo había hecho la noche anterior, pero no lo hizo, pensé que se estaba reprimiendo al igual que yo, pues si no había otro beso igual, no tenía caso sentirla. Acordamos que nuestros siguientes besos podrían esperar un poco más ya que debíamos meditar en lo que pasaría después y cómo enfrentaríamos el amor que ya presentíamos como una realidad creciente entre las dos, también le conté que la había soñado muy especialmente y me dijo que ella también había estado pensando mucho en mí, antes de retirarme me sugirió algo que me voló de nuevo.

  • Quiero que pienses mucho en tu boca besando la mía porque la has dejado totalmente impresionada con tu sabor.
  • Creo que no nos puede hacer daño si nos besamos un poquito de nuevo –me acerqué tímidamente por haberme contradicho.
  • Soledad, déjame decirte que ansió probar tus labios nuevamente, además me gusta mucho el atuendo que elegiste para venir.
  • ¿Qué tiene mi atuendo?

¡Dios mío!, no cabía duda de que no estaba en mis cinco sentidos, ese primer beso me los había trastornado completamente. Salí con la bata más sugestiva de que disponía. Mis pezones se transparentaban totalmente permitiendo ver el contorno de mis areolas, y por si fuera poco al no usar pantaletas para dormir, también podía apreciar el contorno de mi sexo cubierto por el espeso vello castaño que tengo. Caí en cuenta el porque Consuelo estaba viendo para otras partes mientras yo hablaba. Mi reacción inmediata fue la de dirigirme a la puerta para salir de ahí, olvidándome del beso prometido.

  • ¡No!, no te vayas, no me dejes sin ese beso, Soledad, lo he esperado mucho, créeme.
  • ¡Pero es que yo estoy…!
  • ¡Estás divina, pareces una muñequita, una hermosa muñequita adorable! –me tomó del brazo atrayéndome hacía su cuerpo.
  • ¡Te adoro!, no he hecho más que pensar en ti toda la noche, apenas si pude dormir. –le dije sin titubear.

Su boca tenía un imán pues atrajo la mía y en un impulso irrefrenable nuestros labios se volvieron a encontrar, aunque ni nuestra respiración ni el beso eran como las que habíamos experimentado anteriormente, ahora se abría la puerta que contenía una pasión irresistible y totalmente incontrolable, casi salvaje. Abrió mi boca con su lengua y la metió con suavidad, yo le ofrecí la mía entrelazándola con el sabor de nuestras salivas.

Las puertas del edén se abrieron para nosotras, el cuerpo de ella pegado contra el mío, nos hacía sentir la verdadera gloria. Al segundo beso le continuaron otros más, cada vez más sedientos del placer que nos causaba nuestra cercanía. Así de pie como estábamos puso por primera vez sus manos sobre mis pechos, palpando la consistencia de los mismos y sopesándolos, embriagándome con el sutil aroma de su perfume. De mi boca se paso a mi cuello lamiendo con pequeñas lengüetadas mis oídos. No podía resistir tanto tormento, no creía yo que fuera posible tanto amor, yo que había hablado pestes del incesto que practicaban sus mejores amigas, ahora estaba ahí con mi hermana, presa del sabor de sus besos y ansiando las caricias que sus manos me estaban procurando.

  • ¡Deja que te desnude, Soledad!, quiero tocar tu cuerpo completamente, no sé que me pasa, pero deseo que seas mía y que tú hagas lo mismo conmigo. –Consuelo jadeaba perceptiblemente al igual que yo lo estaba haciendo. Afortunadamente la recámara de Enrique estaba del otro lado de la casa, porque se hubiera dado cuenta de que algo extraño pasaba entre nosotras.
  • Yo sólo te pedía un beso y ahora no me conformo con uno.
  • Ni yo, muñequita, de verdad que eres adorable, que hermosos pechos tienes, deja que mi cuerpo desnudo también saboreé el tuyo.
  • ¡Si tú misma me vas a desnudar y deja que yo haga lo mismo contigo!
  • ¿Te sigue asustando el incesto?
  • Ya no, creo que es lo mejor que estoy pasando y te deseo por sobre todo.

Con una ternura infinita me despojo del atuendo que apenas cubría mi cuerpo, el calor que hacía adentro era bastante, acentuado por la calentura de nuestros cuerpos ávidos de caricias. El sudor recorría mi frente y mis pechos perlándose en toda su extensión. Los besos eran ya el común, nuestras bocas se abrían para recibir y dar. Lentamente mientras la besaba le quitaba la prenda de arriba, una ligera camiseta que le daba al ombligo y deje para después un pantaloncillo que más parecía tanga que pijama.

Mientras levantaba los brazos ayudándome así a despojarla de la parte de arriba, me fui de lleno sobre sus pezones, saboreándolos entre mis labios y olvidándome de que aún no le había quitado por completo su prenda, por lo que ella misma lo hizo. Me encanta la forma que tienen, son más largos que los míos, están bien paraditos y con unas areolas de tonalidad anaranjada y se muestran hinchadas por sobre la superficie de sus pechos.

  • Me excita mucho verte haciendo eso, Soledad.
  • Ansiaba ya tener tus pezones dentro de mi boca, me siento una niña lactante con pezón que sabe a rosas.
  • Debe ser la crema que uso todas las noches para mantener mis pechos suaves.
  • Ven bésame de nuevo en la boca y deja sentir nuestros pechos unidos.

Nuestros pezones permanecían endurecidos por la acción de las constantes caricias de que eran objeto entre la boca y las manos de Consuelo que no dejaba de acariciarlos. Yo me encontraba en la gloria viéndola desnuda a mi lado. Aproveche el momento en que mi hermana se inclinaba para acariciar mi vello púbico, para quitarle la parte de debajo de su breve atuendo de dormir y me asombré al descubrir su nte vagina cubierta de un espeso vello púbico de color negro al igual que el mío, solo que el pelo que cubre mi vagina es castaño. Entonces no sé por que razón, empecé a imaginar lo que podría hacer la verga de Enrique en medio de un festín de vulvas mojadas y le comenté a mi hermana la fantasía que se me había venido a la mente.
Despacio, hermana –Me sugirió Consuelo- Quiero que primero te acabes todo este pastelito que tengo yo para ti con calma y me dejes saborear el tuyo muñequita.
Ya totalmente desnudas nos revolcamos sobre su cama, todo indicio de pena había desaparecido, y en su lugar quedaba un amor enorme que estábamos empezando a descubrir entre mi hermana y yo y que quedaba fuera de cualquier convencionalismo, entonces quede convencida de que no seríamos ni las primeras ni las últimas hermanas en practicar el incesto amoroso de la manera en que lo estábamos haciendo.
Las manos de mi hermana se posaron sobre mi sexo, que palpitaba al contacto de sus dedos, se puso arriba de mí y restregó deliciosamente su vagina contra la mía provocando que se llenara con sus fluidos Consuelo me miró y se acercó para darme un largo beso, con su lengua introducida dentro de mi boca. Luego puso dos de sus dedos dentro de mi vagina y busco con delicadeza mi clítoris, en tanto yo me derretía de placer.
Consuelo soltó mi vulva de entre sus manos para ceder el lugar a su boca, y así cerrar sus labios en torno de mi clítoris. Me encantó la gloriosa visión de ver su boca mamando esa parte tan sensible mía y con un deseo tan vivo que no pude aguantar las ganas de decirle que algo extraño me estaba pasando pues al arquear mi cuerpo sentí que una especie de electricidad me recorría desde la punta de los cabellos hasta los dedos de los pies, casi al mismo tiempo, algo muy caliente se salía de mí y no podía controlar lo que me estaba sucediendo, ya no era dueña de mi misma. Mi vulva pertenecía a mi hermana y mientras yo estaba casi gritando, ella parecía seguir succionando algo más con su boca, pero yo cerré mis ojos mientras oleadas de algo que me hacía entrar en éxtasis se salía de mí.

  • ¡Qué bárbara eres muñequita!, no sabía que las mujeres se vinieran como tu lo haces, al menos según me cuentan mis amigas no les sucede eso ni a Ernestina ni a su hermana Laura, porque dicen que solo tienen cuidado de que el semen de su hermano no se impregne en las sábanas, en cambio tú has dejado las sábanas empapadas con tu eyaculación, mi amor.
  • Ha sido una experiencia fabulosa, que lindo es todo esto que nos está pasando, jamás imagine sentirme tan dichosa y tan mujer a tu lado. Creí que sería algo que tendría que soportar como parte del plan que me dijiste y ahora me has hecho cambiar radicalmente de opinión con todo esto, pero ahora deja que sea yo la que te haga gozar al igual que tú lo has hecho conmigo.

Acomodé a mi hermana sobre la cama del lado donde no estaba empapada y la tomé de sus nalgas redondas y exquisitas, observe su pequeño ano rosadito y mantuve mi cara a la altura de toda esa maraña de vello tan cerrado y con ansías incontenibles acerque mi boca dentro de su sexo húmedo, lamiéndo, y succionándolo con todo el amor que sentía ya por ella perfilando mi lengua en los suaves labios que rodeaban su vagina para terminar devorando con un deseo abrasador tanto como el sol que nos mantiene con su calor, el erguido clítoris que palpitaba entre mi boca.
Para mi asombro, Consuelo comenzó inmediatamente a balancear sus caderas hacía adelante y hacía atrás, manteniendo el ritmo y gimiendo de placer. Su vulva se deslizaba sobre mi cara, restregándola contra mis labios, quise meter toda mi lengua dentro de su vagina. Ella pellizcaba sus pezones al tiempo que derramaba todo su orgasmo dentro de mi boca, la cual al no poder contener su abundante venida, termino por desparramarla en el lado que se mantenía seco de la cama.
Consuelo se abandonó a las sensaciones que mi boca le estaban provocando. Mi excitación creció al sentir la abundante venida de ella y que paladeaba con mi lengua eso disparo mis ansías aún más y sin poderme contener sentí como una nueva oleada de líquidos salía de mi vagina, empapando el lugar donde ahora estaba recargada. Consuelo me miró con una dulzura tal que no pudimos evitar el comernos la boca a besos, pero a diferencia de los anteriores estos eran de agradecimiento.

  • Ven, muñequita, que lindo me hiciste sentir con tu boca, hermanita, creo que de ahora en adelante vamos a ser inseparables. Jamás me imagine que yo también tuviera como tú ese tipo de eyaculaciones.
  • Por algo somos hermanas, ¿no crees?
  • Sí, pero si continuamos viniéndonos de la manera que lo hacemos, vamos a procurar tener más precauciones.
  • Yo también me volví a venir mientras tú lo hacías y de nuevo dejé empapada la cama.
  • Creo que las dos somos tremendas, ¿no lo crees mi muñequita? Quédate conmigo está noche.
  • Pero si Enrique me ve salir de tu recámara ¿qué le podría decir?
  • Qué no podías dormir y nos quedamos platicando, pero como te dormiste después no quise despertarte ya, ¿tú crees que él se va a oler lo que estamos haciendo?
  • No, por supuesto, ni lo que le espera con nosotras. –nos reímos cómo hacía tiempo no lo hacíamos, la dicha de estar juntas nos llenaba de felicidad.

Luego pusimos sábanas limpias y tras poner una frazada sobre el colchón que también quedo húmedo, nos quedamos dormidas, abrazadas y con los pechos pegaditos, subí mi pierna sobre la de Consuelo. Esa misma noche volví a soñar con mi hermana, bañándonos juntas en la tina, yo le enjabonaba los senos y ella correspondía acariciando los míos luego nuestras bocas se aproximaban para unirse en prolongados besos, me sentía excitada por la proximidad de sus pechos apretando los míos, bajaba su boca y atrapaba con sus labios uno de mis pezones para mordisquearlo con suavidad. Cuando desperté por la mañana nuevamente estaba empapada y las sábanas quedaron mojadas con mis flujos. Ella me miraba fijamente y besaba con ternura la palma de mi mano y las yemas de mis dedos, ensalivándolas con su lengua. Se acercó a mí y se montó sobre mi cuerpo, sus pechos se balanceaban de manera delirante contra los míos tocándose nuestros pezones en repetidas caricias. Eran las seis de la mañana y teníamos aún dos horas para amarnos antes de que Enrique me apurara para darle su desayuno.

  • ¡Nunca podré olvidar este despertar tan dulce contigo a mi lado, hermana!
  • Ni yo ansiando cada vez más tus besos y tu cuerpo caliente junto al mío.
  • ¡Tienes muy bonitos pezones, me gusta el tono de tus areolas!
  • Pues los tuyos son más grandes que los míos y también me encantan.
  • Pero mis pechos no son tan grandes como los míos ¡Quién lo dijera que íbamos a terminar tú y yo en la cama!
  • Yo tampoco lo hubiera creído si me lo hubieran dicho hace dos días. Ya ves todo lo que pensaba y decía del incesto, y ahora me retracto.
  • Eso sucede porque que no nos habíamos dado la oportunidad de experimentarlo en carne propia.

Su mano toco mi vulva para introducir sus dedos y entreabrir mis labios, acariciando mi clítoris que ya reconocía la suavidad de las manos de mi amante.

  • Está muy mojada tu vulva, hermanita, ¿ya me traías ganas de nuevo?
  • Es que estuve soñando que estaba contigo en la tina del baño y me hacías muchas cosas, amor mío.
  • ¿Y qué esperamos?
  • ¿Y si se mojan las sábanas de nuevo?
  • ¡Qué importa tengo más sábanas limpias! ¿Quieres que usemos el pene doble que te mostré?
  • Mejor esta noche, ¿te parece que lo hagamos en la cocina?

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